Martes, 27 Octubre 2015 20:25

Mao, la herbolaria china y el premio Nobel 2015









A mediados del siglo pasado, en plena guerra de Vietnam, un enemigo común a los dos bandos en disputa mataba, en ocasiones, más civiles y militares que las balas y las bombas. Ese enemigo, para el que no se encontraba remedio, era una enfermedad infecciosa mortal, el paludismo.

Abrumados por las bajas que la enfermedad producía en sus tropas, las autoridades de Vietnam del Norte (en boca de Ho Chi Minh) solicitaron auxilio a China, que se encontraba en plena Revolución Cultural. El propio Mao Zedong ordenó en 1967 la creación de una investigación secreta llamada Proyecto 523. Se reclutaron para ello, nada menos que medio millar de científicos, de unos 60 laboratorios e institutos, con el objetivo de desarrollar un medicamento que, basado en la medicina tradicional china, pudiera ser usado inmediatamente en el campo de batalla para combatir el paludismo.

Los norteamericanos, por su lado, redoblaron los esfuerzos del Instituto de Investigación Walter Reed de la Armada, hasta que encontraron un medicamento antipalúdico parcialmente eficaz: la mefloquina.

El proyecto chino fue considerado secreto militar, por lo que fuera del país nada se sabía sobre su desarrollo, aunado al hecho que la Revolución Cultural había prohibido la publicación de informes científicos. En Beijing, los investigadores, liderados por You You Tu, farmacóloga de la Academia China de Medicina Tradicional, analizaron más de 2,000 muestras de la herbolaria china, de las que encontraron 640 con cierta actividad en contra de los parásitos del paludismo. Posteriormente, probaron en modelos experimentales de paludismo en ratón 380 extractos obtenidos de cerca de 200 plantas seleccionadas, sin encontrar resultados alentadores, hasta que experimentaron los efectos de una planta, la Artemisia annua. Una revisión extensa de la literatura tradicional de la medicina herbolaria china permitió encontrar a You You Tu una receta contra las fiebres periódicas a base de “quighaosu”. La antigua receta, de más de 1,200 años, especificaba la forma de preparar el medicamento, por lo que se cambió el método de extracción del principio activo de la planta al emplear bajas temperaturas en vez de calor. Se obtuvieron entonces extractos de mayor potencia contra los parásitos del paludismo y se empezaron a realizar experimentos para conocer su toxicidad en humanos. Los conejillos de indias ¡fueron los propios investigadores!

En 1972 se logró cristalizar el compuesto activo de la Artemisia, al que llamaron artemisinina. Pero quedaba el problema de que en las plantas que se recolectaban en Beijing el principio activo era muy escaso; una extensa búsqueda de otras variedades culminó con el hallazgo en la provincia de Sichuan de plantas de la misma Atermisia annua, pero con mayor concentración. Tres años más tarde los científicos del Instituto de Biofísica de la Academia China de Ciencias determinaron la estructura de la artemisinina.

Mientras tanto los norteamericanos, sabedores del rumor de un nuevo medicamento antipalúdico desarrollado por lo chinos basado en extractos de una planta, la buscaron con afán y, finalmente, la encontraron en la ribera del río Potomac… ¡en pleno centro de la ciudad de Washington!

En 1981 la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial reunieron en Beijing a los expertos chinos con colegas europeos y norteamericanos. Pronto se empezó a utilizar con éxito la artemisinina en campañas para controlar el paludismo en Asia y África. La artemisinina, empleada en combinación con otros medicamentos antipalúdicos, ha probado ser el medicamento más efectivo contra el paludismo, con lo que se ha reducido en 50% la mortalidad en la última década.

Hoy en día, sin embargo, las dificultades por impedir la transmisión del paludismo, por tratar a todos los infectados aunado a la falta de una vacuna efectiva hace que la infección siga siendo un problema grave de salud pública, responsable de aproximadamente 200 millones de casos de enfermedad, que producen medio millón de muertos, principalmente en África, sobre todo en niños menores de 5 años.

Además de su acción antipalúdica, la artemisinina y sus derivados están siendo analizados por su posible utilidad en algunos tipos de cáncer, como antiinflamatorios y por su efecto algunos virus y parásitos.

Así, la guerra de Vietnam, al producir la muerte de millones de personas, motivó el descubrimiento de la artemisinina, gracias a la cual muchos millones se han salvado de morir a consecuencia del paludismo. Esta historia ejemplar de la utilidad de la investigación científica concluirá a fin de año, cuando la profesora You You Tu reciba, a los 85 años, el Premio Nobel de Medicina 2015, junto con los dos científicos norteamericanos que descubrieron la ivermectina, medicamento responsable de la eliminación de otra enfermedad parasitaria que ha afligido a países pobres: la oncocercosis.

La profesora You You Tu es conocida en su país como la científica “de los tres nos”: no tuvo estudios de doctorado; no realizó posgrado en el extranjero y no ha sido aceptada como miembro de la Academia China de Ciencias… ¡nadie es profeta en su tierra! Yo le añadiría un “no” más: no tiene publicaciones científicas en inglés. Por todo ello, ¡en México no sería aceptada como miembro del Sistema de Nacional Investigadores del Conacyt!

El comité responsable del otorgamiento del Premio Nobel de medicina comentó:

“Los descubrimientos de los premiados este año representan un cambio paradigmático en la medicina, ya que no sólo han proporcionado terapias revolucionarias para pacientes que sufren enfermedades parasitarias devastadoras sino, además, han contribuido al bienestar y la prosperidad de los individuos y la sociedad. Para la humanidad, el impacto global de sus descubrimientos es inconmensurable”.


El autor es miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

 

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