Miércoles, 01 Marzo 2017 09:00

MC

La peor epidemia del siglo XXI

Gerardo Gamba*

Marzo 01, 2017
La Crónica de Hoy, Opinión

En la reciente sesión de la Academia Nacional de Medicina que se llevó a cabo en conjunto con la Secretaría de Salud (febrero 8, 2017) una serie de presentaciones sobre algunos retos y desafíos en salud que enfrenta el país, en los que no podían faltar la diabetes mellitus, los problemas de salud mental y la insuficiencia renal crónica. Me interesa resaltar algunos datos y comentarios que presenté en esta oportunidad en relación con este problema renal que tiene de cabeza al sistema de salud.

La insuficiencia renal crónica se refiere al deterioro progresivo de la función renal y la estadificamos en varios grados. Cuando alcanza niveles tan bajos que pone en peligro la vida del enfermo le llamamos terminal y se requiere de sustituir en forma artificial la función renal, lo que se logra con diversos tipos y modalidades de diálisis. La sustitución dista mucho de remplazar por completo la función del riñón, pero es suficiente para poder vivir con razonable calidad de vida por mucho tiempo. La forma más adecuada de remplazar la función renal se logra con el trasplante, el cual depende de la donación altruista de órganos, ya sea de un donador vivo relacionado, o bien de donadores que por desgracia se encuentran con muerte cerebral, lo cual ocurre por accidentes o bien trastornos principalmente neurológicos. Los familiares de pacientes en estas condiciones que autorizan la donación de los órganos son verdaderos héroes sociales que a pesar de pasar por un momento de profunda tristeza, no dejan de ser compasivos con sus connacionales en necesidad de un órgano. Así como hay muros que llevan los nombres de soldados muertos en las guerras, deberíamos de hacer un muro con los nombres de las personas que murieron al donar sus órganos.

El desarrollo de diálisis y trasplantes nos dio la oportunidad de atender a los enfermos que se encuentran en la etapa más terminal de la insuficiencia renal, lo cual ha sido bueno para muchos pacientes a lo largo de los años, pero nos ha distraído de estudiar y entender los factores de riesgo y mecanismos de enfermedad, así como de innovar formas de detectar tempranamente el daño renal en forma masiva en la población, para en esos casos, hacer lo necesario para detener o retardar la progresión del daño renal. La enfermedad isquémica coronaria y diversos tipos de cánceres son ejemplos en donde por muchos años no se tuvo nada que ofrecer a los pacientes con las formas avanzadas de estas enfermedades, por lo que los especialistas en esas áreas han hecho un esfuerzo muy grande en determinar los factores de riesgo y formas de detección temprana. En consecuencia, por ejemplo, las agresivas campañas anti tabaco y el desarrollo de medicamentos que reducen el colesterol han disminuido la incidencia y/o retardado la edad de aparición del infarto de miocardio y la innovación e implementación de tecnología para la detección temprana. Ha hecho que padecimientos que antes se detectaban casi siempre en forma terminal, ahora lo hacemos con mas frecuencia cuando todavía pueden curarse, como es el caso del cáncer de mama

Conocer los factores de riesgo y desarrollar e implementar formas de diagnóstico temprano es urgente en el caso de la insuficiencia renal crónica. Para que el lector se de una idea del problema, cuando comparamos los años de vida perdidos por muerte prematura en México en 1990 vs 2013 (www.healthdata.org/mexico) vemos por ejemplo que las enfermedades diarreicas pasaron del primer lugar al número 20, con una reducción del 93%, las infecciones respiratorias pasaron del segundo lugar al número 7, con una reducción del 71% y los accidentes automovilísticos, a pesar de reducirse en 25%, permanecieron en el cuarto lugar. En contraste, la insuficiencia renal crónica, que en 1990 ocupaba el lugar 16, pasó al segundo lugar, con un aumento del 241%.

La insuficiencia renal crónica tiene muchas causas. En niños se debe con más frecuencia a malformaciones del sistema nefro-urinario. En jóvenes las principales causas son enfermedades autoinmunes propias del riñón o bien sistémicas que dañan el riñón entre otros órganos. En adultos la diabetes mellitus es por mucho la principal causa de daño renal en nuestro país. Esta enfermedad es altamente prevalente en México y por razones que aun no conocemos con precisión, los mexicanos con diabetes tienen particular tendencia a desarrollar daño renal. Deberíamos de estar invirtiendo recursos para tratar de entender esto y así poder desarrollar ideas y en consecuencia innovación para tratar de reducir la tendencia actual.

El manejo de la insuficiencia renal crónica con diálisis y trasplante tiene un costo muy alto. En la primera se consumen insumos para la diálisis y en la segunda inmunosupresores para evitar el rechazo del órgano. Ambas son muy caras por el resto de la vida del enfermo. La población general no parece estar consiente de eso. En nuestro país la prevalencia de obesidad en adultos rebasa el 70% y la diabetes mellitus el 12 %.

Recomiendo enfáticamente que cualquier individuo joven que tenga antecedentes de diabetes mellitus en línea directa en su familia (abuelos y/o padres) haga todo lo posible por no subir de peso conforme llegue a la vida adulta y empiece a hacer algo para asegurar que, si en el futuro le llega la diabetes mellitus, tenga una vigilancia muy cuidadosa de la función renal al menos cada año y desarrolle, desde ahora, la estrategia necesaria para tener los recursos y/o la forma de acceso al tratamiento de diálisis y/o trasplante en caso de que llegue a daño renal crónico.

 

*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias , Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM.

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