Miércoles, 06 Junio 2018 10:08

Gabriel Torres

Los avances de la ciencia ante la ignorancia

Dr. José Ruiz Herrera

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



Si pretendemos analizar cómo ha sido que la especie humana se desarrolló, es preciso que nos imaginemos a los inmediatos antecesores del Homo sapiens en la sabana africana, hace unos pocos cientos de miles de años, como unos pequeños y débiles individuos emparentados con los simios, que casi habían perdido la capacidad para poder trepar a los árboles, sin más armas que sus manos, con una escasa capacidad de correr, ya que eran bípedos, estando por ello expuestos a servir de alimento a los múltiples animales depredadores, principalmente los grandes felinos. Ante esta imagen, no puede uno sino admirarse que, andando el tiempo, a pesar de tantas características negativas para su supervivencia, la única especie Homo que permanece en la actualidad se convirtiera en la dominante del mundo animal, siendo capaz de poblar todas las tierras del planeta, independientemente del clima y las características que privan en ellas.

Y es entonces que uno se pregunta ¿Cuál(es) fue(ron) entonces la(s) característica(s) que permitieron a los miembros de las especies del género Homo que fueron nuestros antecesores y dieron origen a la especie humana, lograr esa supremacía? La respuesta es simple y complicada a la vez: fue su capacidad para poder adaptarse a cualquier condición prevalente, ser capaces de imaginar y prever las variadas estrategias que debían desplegar para poder obtener su alimento, y también para poder protegerse de los peligros a los que se enfrentaban, diseñar las armas para su defensa, incluso las arrojadizas, elaborar vestimentas que le protegiesen del frío y capacidad de hacer el fuego a voluntad; y como desarrollo posterior, ya hablando específicamente del Homo sapiens , cosechar sus propios alimentos y domesticar animales que les sirvieron de alimento, les proveyeron de material para sus vestidos, para arrastrar pesadas cargas, de montura; etc., etc. Todo ello lo podemos concentrar de la siguiente manera: fue su intelecto (herencia genética, semejante a la de cualquier otro ser vivo), y la capacidad de transmitir entre ellos complejos pensamientos que involucraban sus experiencias e ideas, tanto a través del espacio mediante el desarrollo y uso inicialmente del lenguaje y posteriormente de la escritura, y a través del tiempo mediante la transmisión de las experiencias acumuladas de una a otra generación gracias a la enseñanza y el aprendizaje (herencia cultural, única de la especie humana). Es así que los individuos de cada generación tuvieron la capacidad de acceder a toda la cultura almacenada por las anteriores, gracias originalmente a la transmisión verbal, posteriormente añadida por los escritos, los libros y modernamente por el acceso a los sistemas electrónicos. Todo ello ha permitido que podamos adquirir la base y el sustento de la sabiduría acumulada durante milenios para aumentarla, modificarla y mejorarla para las siguientes generaciones. ¿No es acaso admirable que, mediante las actuales computadoras, un joven tenga acceso a prácticamente todo el conocimiento acumulado por el hombre, al alcance de la punta de sus dedos?

Sin embargo, ese acervo cultural es tan vasto, tan extenso, que es actualmente imposible que cada uno de los miembros de la raza humana lo pueda abarcar. Y es así, que ya desde lejanos tiempos ha debido ocurrir la especialización, lo que ha dado lugar a que solo una fracción de la población humana posea la capacidad de comprender una parte del conocimiento, y sea capaz de imaginar y desarrollar las soluciones ante los retos futuros. Por desgracia, esa proporción de la población humana y que está formada por los científicos y tecnólogos, es cada vez relativamente más pequeña, y ha quedado sumergida en lo que el notable fisiólogo Marcelino Cereijido ha llamado “People without Science”.

No ha sido extraño por lo tanto que a través del tiempo esa “gente sin ciencia” constantemente, y por ignorancia, haya escuchado y aceptado las voces de gente ignorante pero influyente, que la ha movido a oponerse a ideas y desarrollos científicos, que posteriormente han debido imponerse con dificultades, mediante la obtención de una abrumadora evidencia. Los ejemplos son muchos, pero por escasez de espacio solo cito algunos conceptos erróneos; entre los antiguos: la tierra es el centro del universo, la tierra es plana, muchos organismos se pueden generar espontáneamente, el origen del hombre no está relacionado con el de los animales, no existe la evolución, y ya más modernamente: el sida no es causado por un virus, las vacunas son la causa del autismo y deben evitarse, los experimentos con el DNA humano recombinante usado para prevenir y evitar enfermedades, son contra-natura, el cambio climático actual no ha sido causado por el hombre, las plantas transgénicas son venenosas y nocivas, etc.

Es obvio que, como lo mencioné antes, ha sido a través de los desarrollos científicos y tecnológicos que ha avanzado la sociedad moderna, y que las soluciones ante los problemas presentes y futuros, muchos de ellos fruto de la irresponsabilidad del Hombre, están en manos de esa reducida fracción de la sociedad que los estudia, comprende y maneja. Por ello debemos estar conscientes y evitar que personajes ignorantes, muchos de ellos influyentes, como políticos, y hasta presidentes de países desarrollados o no, e incluso pseudocientíficos (aún con premios, ¡absurdamente científicos!), con intereses posiblemente económicos o que les procuren una breve popularidad entre la masa “sin ciencia”, utilicen argumentos falsos y demagógicos para oponerse al desarrollo científico.



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