Miércoles, 03 Octubre 2018 14:07

Victor Alcaraz

El problema del libre albedrío en el campo de la Psicofisiología

Dr. Víctor Manuel Alcaraz Romero

Miembro del Comité de Ciencias Sociales, Filosofía e Historia Comité de Ciencias Naturales



Actuamos en función de los aprendizajes que hemos tenido a lo largo de nuestra vida y no porque en cada momento ejerzamos nuestra libertad, nuestro libre albedrío. La libertad sólo la obtenemos gracias al conocimiento de las consecuencias de nuestro actuar.

Hay 3 problemas que actualmente enfrenta la ciencia:
1. El origen de la vida
2. El surgimiento de la conciencia
3. El libre albedrio

En todos ellos, se han realizado una serie de trabajos que permiten acercarse a obtener una respuesta.

El comportamiento surge, principalmente, a partir de respuestas preestablecidas, es decir, en la estructura genética de nuestro organismo se presentan un conjunto de determinantes que dan lugar a que nuestro cuerpo adopte una cierta estructura que nos permite reaccionar a los estímulos del medio.

El sistema nervioso permite la estructuración progresiva del comportamiento. Cuenta con varias instancias: la médula espinal (origen de las respuestas reflejas); el tallo cerebral donde en la parte inferior se producen respuestas que permiten modular las reacciones reflejas de la médula espinal, y en la superior se controlan acomodaciones de los órganos sensoriales para que los estímulos recibidos se capten más claramente. Posteriormente, en el diencéfalo, una estructura, el hipotálamo, recoge los estímulos provenientes del interior de nuestro cuerpo. En el tálamo nuevas respuestas son generadas para atender mejor las demandas del ambiente.

Para ver como ese proceso conduce al comportamiento adaptativo, utilizaremos cuatro ejemplos. Primero, el dolor causado por una llama que daña el tejido de la mano. Los receptores en la piel captan el estímulo y envían impulsos nerviosos a neuronas motoras en la médula espinal que ocasionan la retirada de la mano para evitar que se siga dañando el tejido de la piel. En ese momento no sentimos dolor, sólo se da la respuesta refleja. El estímulo va luego hacia el tallo cerebral, sus neuronas activan en general al organismo. Posteriormente el estímulo que afectó la piel llega al tálamo y es ahí donde empieza a sentirse un dolor denominado “protopático”, por el hecho de que quien lo sufre no puede determinar en qué parte del cuerpo se originó esa sensación displacentera. Sólo cuando el estímulo llega a la corteza cerebral se siente dolor en la zona del cuerpo dañada, por eso, a ese dolor se le denomina epicrítico.

En segundo lugar, podemos tomar el miedo. Si vemos un estímulo peligroso, digamos una víbora, desde la retina salen impulsos al tallo cerebral y al tálamo que no producen una visión consciente. Esta tiene lugar cuando el estímulo arriba a la corteza cerebral. Previamente, en otras estructuras, la amígdala y el hipotálamo, se produce la reacción de huida sin que haya sensación alguna de miedo.

El miedo ocurre cuando en el hipotálamo se genera, además de la contracción de los músculos, una activación vísceral con una profusa sudoración en todo el cuerpo y fuertes latidos del corazón que al ser captadas todas esas reacciones en la corteza cerebral se siente conscientemente el miedo.

Un tercer ejemplo es el de la visión. Los objetos del medio ambiente son captados por la retina. Los estímulos ahí producidos son enviados al tallo cerebral para cambiar la apertura de la pupila y la forma del cristalino. Gracias a la dilatación de la pupila, la luz que entra al ojo es la adecuada para la percepción del objeto y en virtud de las modificaciones en el cristalino se logra captar el objeto de acuerdo a la distancia en la que se encuentre. El estímulo va luego hacia el tálamo donde empieza a registrarse la tridimensionalidad y la cromaticidad. Finalmente, en los hemisferios cerebrales se obtiene la visión completa del objeto y su identificación. Para lograr esto último es necesaria una serie de movimientos oculares para asociar los distintos rasgos característicos del objeto. Así, el reconocimiento de la cara de una persona implica un patrón de movimientos oculares que captan, principalmente, ojos, nariz, boca y el óvalo del rostro. Esa cadena una vez integrada se dispara después automáticamente con sólo tres fijaciones, generalmente en el lado izquierdo de la cara que bastan para que la percibamos completa. Experimentalmente comprobamos lo anterior al presentar a un sujeto una figura compuesta por la mitad de la cara de una mujer y la mitad de la cara de un hombre. En esos casos, los sujetos ven la cara completa de una mujer o la de un hombre, no obstante que sólo vieron la mitad de una u otra de esas caras.

En lo que respecta a la audición de los estímulos sonoros, en los primeros milisegundos escuchamos un click o un ruido, cuando el estímulo llega a la parte inferior del tallo cerebral, se convierte en un tono que varía de grave a agudo en la parte superior de esa estructura. En esa región oímos los maullidos de los gatos o los balidos de las ovejas. Sólo cuando llega a la corteza cerebral el sonido se convierte en una melodía.

Podemos entonces ver como la conducta adaptativa compleja resulta de un aprendizaje no es otra cosa que una combinatoria de reacciones reflejas.

Las respuestas aprendidas más simples son las anticipatorias (el llamado condicionamiento) que se produce porque los estímulos se suceden en el tiempo y eso da lugar a que un estímulo que precede a otro genere la respuesta del estímulo que le sucede, en virtud de que el primer estímulo se convierte en señal del segundo.

Ahora bien ¿Cómo pasamos de las reacciones reflejas inconcientes a las respuestas concientes que ocurren cuando los impulsos nerviosos llegan a la corteza cerebral 500 milisegundos después de haberse recibido un estímulo?

La percepción conciente empieza 400 milisegundos después de haberse recibido un estímulo, gracias a un proceso de autorreflexividad que nos permite darnos cuenta de nuestros propios actos. Nuestro actuar está compuesto por actos reflejos inconscientes y actos aprendidos que como acabamos de señalar no son otra cosa que una combinatoria de reacciones reflejas inconscientes, como la dilatación o la constricción de las pupilas. La combinatoria de actos reflejos se convierte en conciente al ser captada su parte final por la corteza cerebral.

Decimos que actuamos por propósitos, pero más bien laDecimos que actuamos por propósitos, pero más bien la aparición de los estímulos que permitieron la formación de la combinatoria de reflejos originalmente aprendida es la causa de nuestras acciones, sin embargo, explicamos esa conducta como si fuera generada por un acto de voluntad, producto de nuestro libre albedrío. Debemos señalar que esa reacción aprendida no es mecánicamente ineludible, pues podemos inhibirla si la sociedad, de acuerdo con ciertas reglas morales, nos enseña que no debemos presentarla. Pero dicha inhibición sólo tendrá lugar cuando seamos capaces de manejar la autorreflexividad, es decir cuando podemos percatarnos de la forma de nuestro propio comportamiento. aparición de los estímulos que permitieron la formación de la combinatoria de reflejos originalmente aprendida es la causa de nuestras acciones, sin embargo, explicamos esa conducta como si fuera generada por un acto de voluntad, producto de nuestro libre albedrío. Debemos señalar que esa reacción aprendida no es mecánicamente ineludible, pues podemos inhibirla si la sociedad, de acuerdo con ciertas reglas morales, nos enseña que no debemos presentarla. Pero dicha inhibición sólo tendrá lugar cuando seamos capaces de manejar la autorreflexividad, es decir cuando podemos percatarnos de la forma de nuestro propio comportamiento.



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