Miércoles, 10 Octubre 2018 11:07

Gerardo Gamba

La Revista de Investigación Clínica

Dr. Gerardo Gamba

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



La Revista de Investigación Clínica inició su vida en 1949 como órgano oficial del recién inaugurado Hospital de Enfermedades de la Nutrición, hoy Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ). Por tanto, al término de este año alcanzará 70 años de publicación ininterrumpida. Esto es un logro importante si se toma en cuenta las centenas de diversas revistas, científicas o no, que nacieron y murieron en el mismo período. La RIC, como le decimos coloquialmente, fue una publicación trimestral de 1949 a 1992 y bimensual desde 1993 a la fecha. En su larga vida ha tenido cuatro Editores en Jefe: El Dr. José Báez Villaseñor, fundador y editor de 1949 a 1970; el Dr. Rubén Lisker, de 1971 a 1998. Durante este tiempo contó con la ayuda como coeditor del Dr. Enrique Wolpert, de 1974 a 1988 y del químico Alvar Loría de 1989 a 1998. Yo fui el Editor en Jefe de 1999 a 2014 y desde 2015 es el Dr. Alfredo Ulloa.

Al Dr. Báez le correspondió la época de construir una revista en un México en el que la investigación clínica casi no existía. No había llegado aún el concepto de Physician Scientist. En consecuencia, en su tiempo se publicaban menos de 30 artículos por año y la mayoría (90 por ciento) eran escritos por médicos del Hospital de Enfermedades de la Nutrición. La segunda época de la RIC fue comandada por el Dr. Lisker, a quien le tocó el México que ya había despertado a la investigación clínica, con personajes de la talla de Ruy Pérez Tamayo, Donato Alarcón Segovia y el propio Rubén Lisker. En consecuencia, vio un aumento progresivo en el número de artículos publicados al año, que llegó a ser de alrededor de 50 y el porcentaje de artículos firmados por autores del INCMNSZ se redujo al 50 por ciento. En esa época nació el Science Citation Index por Eugene Garfield, luego Journal of Citations Reports (JCR), como una métrica diseñada para definir la influencia de las revistas en el mundo y que por tanto sirviera para que las bibliotecas tomaran las decisiones de a qué revistas suscribirse y a cuáles no. Este índice después se convirtió en un mal referente para juzgar la calidad de los investigadores que, desafortunadamente, prevalece hasta la fecha. Como la RIC ya existía cuando nació este JCR, le fue relativamente fácil quedar registrada y abrió las puertas para que los autores publicaran en español o en inglés, según fuera su deseo. La RIC mantuvo por muchos años un factor de impacto alrededor de 0.5, muy bajo para el mundo de las revistas científicas, pero razonablemente bueno partiendo de la base de que la mayor parte de los artículos se publicaban en español.

Recuerdo el día en que competí para ser el Editor en Jefe de la RIC. Fue un día frío de Noviembre de 1998, cuando tenía 37 años. Otros dos investigadores interesados y yo fuimos convocados a presentar nuestra propuesta de trabajo para la RIC a la sala de juntas de la Dirección, en donde estaba reunido el cuerpo de directores del Instituto, comandados por el entonces director general, el gran Donato Alarcón Segovia. La propuesta que hice fue la que más se ajustó a lo que los directivos del Instituto querían para la misma, por lo que fui elegido como el nuevo Editor en Jefe, para iniciar funciones en enero de 1999. Mi propuesta fue que no me preocupaba el bajo factor de impacto, toda vez que la RIC cumplía una serie de funciones fundamentales, que no se toman en cuenta en el cálculo de este factor. La RIC funcionaba como una extensión de los brazos educativos del Instituto, ya que era ampliamente leída por médicos y estudiantes de México y llegaba a centenas de bibliotecas en Latinoamérica. Desde 1993 iniciamos su distribución en forma gratuita a través de internet y para 2014 teníamos 1760 visitas, con 153 descargas diarias. Era la revista ideal para la publicación de experiencias clínicas en México, que son de poca importancia para el mundo, por no ser originales, pero de mucha trascendencia para nosotros, por mostrar lo que sucede en nuestro medio. Era el sitio ideal para que estudiantes de posgrado empezaran a vivir la experiencia de escribir artículos y pasar por los procesos de revisión editorial. Finalmente, nos propusimos hacerla más plural y en el 2008 logramos que la RIC pasara de ser el órgano oficial del INCMNSZ, a ser el órgano oficial de los Institutos Nacionales de Salud, con lo que al final de esta tercera etapa se publicaban cerca de 70 artículos por año y se logró que menos del 20 por ciento fueran firmados por investigadores del INCMNSZ.

Con algunos años de funcionar como el órgano oficial de los Institutos Nacionales de Salud, se inició la cuarta etapa comandada por Alfredo Ulloa. Se decidió hacer un cambio radical, parecido al que se hizo con el Archives of Medical Research del Seguro Social en la década de los 90. Aumentar el factor de impacto fue el eje central de la propuesta. Se otorgó la revista a la Editorial Permanyer. Se transformó a una revista exclusivamente en inglés y con un nombre nuevo, Clinical and Translational Investigation. Se redujo el número de artículos originales (v.gr. 41 en 2013 vs 24 en 2017). El porcentaje de artículos firmados por investigadores del INCMNSZ se mantuvo alrededor del 15 por ciento. Dejó de circular en forma física en el INCMNSZ, por lo que creo que ya no es tan conocida entre los residentes, como antes. Se logró, sin embargo, subir el factor de impacto de 0.5 de 2014 a 1.3 en 2017, lo que probablemente la hará más atractiva para investigadores alrededor del mundo. A juzgar por la duración de las tres primeras etapas, todavía quedan muchos años por delante de esta cuarta etapa, que pinta para ser tan positiva y progresiva como las primeras tres.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

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