Miércoles, 13 Noviembre 2019 16:23

Enrique Galindo Fentanes

El reto de las microempresas universitarias en México

Leonardo Ríos Guerrero

Miembro del Comité de Tecnología y Diseño Comité de Tecnologia y Diseño



Es muy triste identificar que más de 50 millones de personas subsisten en situación de pobreza y cerca de 9 millones en condiciones de pobreza extrema en México (CONEVAL 2019). La inversión extranjera directa de los últimos 20 años permitió un importante desarrollo de la industria de manufactura en México, sin embargo, este crecimiento fue insuficiente, la pobreza no se redujo. Los bajos salarios han sido nuestra principal ventaja competitiva. Nos congratulamos del eventual nuevo tratado T-MEC, pero sigue basado en mano de obra barata, sin profundizar en conceptos como el desarrollo de capacidades, la innovación y el impulso a proveedores locales de alta tecnología, entre otras.

¿Como avanzar hacia una economía basada en conocimientos, que genere empleos de calidad, bien remunerados? ¿La ciencia mexicana puede convertirse en el elemento clave de prosperidad, en la verdadera transformación? Otros países han demostrado que la colaboración universidad-industria es un factor importante para avanzar hacia la economía del conocimiento (Etzkowitz and Leydesdorff 2000). Otro aspecto clave ha sido el emprendimiento científico. Las empresas basadas en conocimientos, generadas por MIT en Boston y por Stanford University en California han sido la mayor fuente de innovación y crecimiento en USA. La valorización de invenciones académicas convirtió a San Francisco y a Boston en las regiones más prósperas del mundo. Indudablemente, esto es muy complejo de replicar, requiere políticas públicas sostenidas, universidades emprendedoras, startups de rápido crecimiento, esquemas de coinversión pública-privada, desarrollo de capital de riesgo, entre otros aspectos, mas gradualmente, adaptando mejores prácticas, hemos avanzado para impulsar el emprendimiento universitario, ¡pero falta aún mucho camino por recorrer!

Las universidades públicas en México típicamente se enfocan a la enseñanza tradicional para generar profesionistas-empleados, no emprendedores. De la misma manera, en los doctorados se forman investigadores de excelencia, pero alejados de la aplicación de la ciencia. La tercera misión universitaria hacia la comercialización de la ciencia está apenas en proceso. La tercera misión no significa reducir la investigación fundamental, por el contrario, se tiene que reforzar ya que es la fuente de descubrimientos radicales. La tercera misión implica un mejor equilibrio entre la generación de la ciencia y su aplicación. Se busca complementar la enseñanza y la investigación, con una nueva misión para la aplicación y valorización de conocimientos. En MIT, la mejor institución académica a nivel global, surgen grandes descubrimientos científicos, algunos de los cuales se transfieren a empresas, otros impulsan startups de base tecnológica. Las mejores universidades del mundo en 2019 como MIT, Stanford U, Harvard, CALTEC, Oxford UK, Cambridge UK, ETH Zurich, Imperial College UK, Chicago U y UCL UK destacan por sus aportaciones científicas, pero además por la comercialización de éstas. Forman recursos humanos de excelencia en un entorno equilibrado entre la ciencia y su valorización.

El ámbito académico representa el núcleo, donde se generan descubrimientos innovadores que deberían transmitirse a las empresas. La mala noticia es que en nuestro país hay muy pocas compañías interesadas, así que la oferta de conocimientos queda desaprovechada. Por lo tanto, para valorizar los descubrimientos científicos se deben impulsar empresas universitarias. Si las universidades no asumen este rol, los descubrimientos quedarán olvidados, sin generar beneficios para nuestra sociedad.

Es necesario señalar que varias universidades ya tienen avances. Han creado oficinas de transferencia de tecnología y en algunos casos incubadoras capaces de conectar ciencia, tecnología, talento emprendedor y capital. Pero todavía falta mucho, por ejemplo, aún no se establece un buen balance entre la investigación básica, la enseñanza y la valorización. Las actividades de comercialización del conocimiento no están aún legitimadas. Las recompensas internas y el SNI siguen favoreciendo las dos misiones tradicionales, pero lo importante es la tendencia sostenida hacia la aplicación de la ciencia, la cual deberá generar beneficios económicos, pero también sociales y ecológicos.

La Ley Mexicana de Ciencia, Tecnología e Innovación se modificó en 2015. Permite a las Universidades y CPI crear unidades para transferir conocimientos con la figura legal que más les convenga. Además, pueden promover con el sector privado la formación de asociaciones, alianzas, consorcios y nuevas empresas de base tecnológica en las que se incorporen sus invenciones científicas. Con el marco referido ahora es posible que investigadores, universidades y estudiantes inicien nuevas empresas para llevar sus descubrimientos al mercado. Antes se consideraba un conflicto de intereses (Roque Díaz 2017).

Las legislaciones internas de universidades públicas aún no han evolucionado, por ejemplo, investigadores inventores, tenedores de acciones en una microempresa universitaria cuya incubación se realiza en laboratorios de la institución podrían ser considerados ­inapropiados, por falta de lineamientos que regulen estas actividades, con premisas claras para repartir los beneficios, en su caso. A pesar de esta perspectiva adversa, varios académicos ya han creado nuevas empresas con sus estudiantes para ser agentes de innovación como un camino para generar empleos bien remunerados.

El problema más importante para generar empresas universitarias radica en el financiamiento de etapas tempranas. Vuelvo a mencionar la falta de equilibrio entre la generación de ciencia y su valorización. La verdadera transformación podría surgir de un mayor apoyo a la ciencia básica, sin duda, pero más equilibrado, incluyendo nuevos programas para su valorización. El levantamiento de capital es un desafío para las microempresas tecnológicas, ya que el mercado Ángel no se ha desarrollado en México. Por otro lado, los fondos de capital de riesgo no consideran etapas iniciales. Perciben altos riesgos. Los fondos privados buscan emprendimientos con prototipos validados y con primeras ventas. Esta brecha es muy grande, se conoce como el valle de la muerte. En EU el sistema de innovación es mucho mayor y más equilibrado, con grandes inversiones sostenidas para ciencia básica, pero también coexisten fondos muy relevantes para su aplicación, por ejemplo, SBIR (­Small Business Agency 2018), para incentivar la creación de startups de base tecnológica.

En México los fondos para la valorización de la ciencia han sido muy escasos. Última Milla y FINNOVA de CONACYT se enfocaron a la maduración de tecnologías emergentes, pero tuvieron una vida muy efímera, lamentablemente. La comunidad ha tenido que usar programas como el PEI, que fue diseñado para colaboración universidad-empresa, pero permitió la participación de microempresas de reciente creación. El nuevo programa PENTA - CONACYT es también muy meritorio, nuevas microempresas pueden competir para madurar tecnologías hasta TRL 7-8, pero la competencia con empresas de mayor trayectoria en el mercado limitará su participación. Hasta ahora la mayoría de las empresas universitarias han surgido gracias al apoyo familiar y de amigos, ¡donde en algunos casos los investigadores han tenido que hipotecar sus bienes!

Como ejemplo de prácticas exitosas en nuestro país, es conveniente señalar el fideicomiso NAFIN – CONACYT para Emprendedores. Capitalizó cerca de 50 startups con esquemas accionarios, revolventes, muy exitosos. También fue suspendido, pese a sus excelentes resultados. Se sugiere que CONACYT, NAFIN y Gobiernos estatales impulsen nuevamente la gestación de microempresas de alta tecnología como una política pública a largo plazo hacia la valorización de la ciencia, como una vía para reducir la pobreza.



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