Miércoles, 18 Marzo 2020 10:26

Gerardo Gamba

¿Por qué la pandemia de coronavirus es de preocupar?

Dr. Gerardo Gamba

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



El 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud declaró que la infección por el virus COVID-19 que surgió en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubai, en China, en diciembre de 2019 se ha convertido en una Pandemia. La implicación que tiene la declaración de la OMS es que acepta que se trata de una infección que se ha diseminado en la mayor parte del mundo y sirve para presionar a que los gobiernos presten más atención y se sumen a las medidas sugeridas para tratar de contener la diseminación de la enfermedad.

La infección por COVID-19 no existía en noviembre de 2019. Hoy se han reportado más de 190 mil casos que provienen de muy diversos países, con mortalidad de 4.0%. Es altamente probable que a cada país llegaron uno o más casos índices provenientes de otro lugar en donde ya se había diseminado la enfermedad. El problema es que la enfermedad es altamente contagiosa y lo que ahora está pasando, es que empezaron a surgir los casos de pacientes que fueron infectados en sus localidades y a su vez cada uno de ellos se convertirá en un foco de infección.

En el primer reporte de 1099 casos observados en China que fue publicado en línea, la revista New England Journal of Me­dicine el 28 de febrero muestra los siguientes datos. Los 1099 pacientes diagnosticados tuvieron un promedio de edad de 47 años. El 41% fueron mujeres. Vivían en Wuhan el 44%. De los que no vivían en Wuhan, el 72% había tenido contacto con un habitante de Wuhan, ya sea fuera de la ciudad o porque habían visitado esa ciudad. Sólo 26% de los no residentes de Wuhan tampoco habían visitado esta ciudad, ni habían tenido contacto con algún infectado de esa ciudad, por lo que ya se contagiaron de alguien que a su vez llevó la enfermedad de Wuhan a su localidad.

Al momento del diagnóstico el 85% fue considerado como no grave y el 15% como grave. El tiempo de incubación fue en promedio de 4 días. Del total de pacientes, el 44% se presentó con fiebre, pero de los que requirieron hospitalización el 89% tenía fiebre. El otro síntoma frecuente fue tos, que se presentó en 68% de los casos. De los 1099 pacientes el 6.1% (67 de ­ellos) alcanzó alguno de los puntos finales del estudio, que fueron: admisión a terapia intensiva en el 5%, requerimiento de ventilación mecánica asistida en el 2.3% y muerte en el 1.4%. Como sucede con otras infecciones respiratorias como la influenza, la edad promedio en los pacientes graves fue ma­yor que en los no graves (52 vs. 45 años) y en aquellos que alcanzaron alguno de los puntos finales del estudio todavía mas que los que no llegaron a ese punto (63 vs. 46 años).

Éste es el primer reporte con una cohorte grande. Se piensa que quizá existan más casos leves que no entran en este tipo de estudios porque los pacientes sin gravedad no asisten a los hospitales, por lo que la enfermedad podría ser menos grave de lo que se ve en el artículo comentado. La parte buena entonces es que la mayor parte de los casos no son graves y se curan solos, como cualquier gripa. Lo que hace que la pandemia sea de preocupar son los casos graves. Aun asumiendo que los números bajaran a la mitad y, digamos, que el 3% requirieran de terapia intensiva, o incluso bajaran a la cuarta parte, es decir, que el 1.5% requirieran terapia intensiva, sigue siendo un número escandaloso. Dada la contagiosidad de la enfermedad y la velocidad con que lo hace, si en las siguientes semanas se infectan miles de mexicanos vamos tener un incremento en la demanda de pacientes que requieran terapia intensiva, au­nados a los que normalmente la requieren por diversas razones. No tenemos esa capacidad instalada en el país. Ya no di­gamos si se contagian uno, cinco o diez millones de habitantes.

Podemos asumir sin temor a equivocarnos que los casos que se han reportado en México (82 en martes 17 de marzo) ya contagiaron cada uno de ellos al menos a tres o cuatro personas, que en este momento están contagiando a otros tantos e iniciando una reacción exponencial. Por eso es que en este momento lo que debemos hacer es intensificar medidas para prevenir el contagio.

Primero, a nivel personal. Lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón. Utilizar también algún desinfectante como el gluconato de clorhexidina al 0.5% en alcohol al 70%. Evitar el contacto físico con otras personas en forma de saludos, besos o abrazos, ya que el virus se contagia por esa vía. Procurar y promover el distanciamiento social, es decir, mante­nerse al menos a un metro de distancia de cualquier otra persona y por esto mismo, evitar asistir a lugares con alta concentración de personas. En particular si son cerrados. Estas medidas deben aplicarse para todos, pero con excesiva intensidad en adultos mayores o pacientes con enfermedades crónicas que son quienes están en riesgo de desarrollar la forma grave de la enfermedad.

Segundo, a nivel colectivo. Tomar decisiones tempranas, aunque parezcan ­exageradas, para obligar al distanciamiento social. Por ejemplo, suspender viajes al extranjero o actividades como clases, conciertos, eventos deportivos, etc. No pasa nada si se suspenden las clases uno o dos meses (con excepción de la complicación que eso genera para el cuidado de los niños en casa). Este tipo de medidas ya se han empezado a anunciar. Las clases de la SEP se suspenden de marzo 20 a abril 20. La UNAM u otras universidades en esta se­mana están migrando a continuar el semestre utilizando sistemas en línea.

Tercero, a nivel gubernamental. Nuestras autoridades de Salud están día a día dando información y tomando decisiones sobre el mejor momento para aplicar medidas. Sabemos que al gobierno actual no le gusta gastar, pero ojalá en este momento ya estén invirtiendo varios millones de dólares en adquirir lo que se necesitará para hacer el diagnóstico cuando así se ­re­qui­e­ra, atender a los pacientes que se pongan graves y, muy importante, proveer al personal de salud con los elementos necesarios para protegerse de la enfermedad, porque los vamos a necesitar.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

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