Lunes, 13 Abril 2020 10:34

Gerardo Gamba

La pandemia de SARS-CoV-2 y las pruebas para detectarlo

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales



Apenas estamos entrando en la fase más compleja de la epidemia de SARS-CoV-2 en las ciudades más importantes del país. De acuerdo al informe emitido por las autoridades, el domingo 12 de abril se tenían registrados 4,661 casos de enfermos con COVID-19 y desafortunadamente con 296 muertes, para una mortalidad del 6.3%. Esta última ha ido aumentado, del 2% hace dos semanas, al 6.4% el día de ayer, probablemente porque el número de pruebas que se hacen es limitado y por tanto, al tener menos enfermos detectados, el porcentaje de mortalidad aumenta. La razón es la siguiente. Me parece que con el número de pruebas que se están haciendo en este momento es suficiente para detectar a los casos moderados a graves, porque son los pacientes que acuden a los diversos centros hospitalarios, que tienen acceso a la prueba para diagnóstico de la presencia del virus y que si están graves son internados o vigilados muy de cerca.

Mientras más pruebas se hagan, necesariamente se incluyen más casos en los que la enfermedad es leve o asintomática. Digamos que si los casos reales fueran del doble o del triple de los reportados entonces la mortalidad real será menor. En nuestro país la indicación de la Secretaría de Salud ha sido que si alguien desarrolla un cuadro gripal leve, sin síntomas de alarma, se debe quedar en casa, recibir tratamiento sintomático, aislarse del resto de la familia, pero no acudir a los centros que están atendiendo a pacientes con COVID-19. Por un lado, para no saturar la atención clínica con casos leves y por otro lado, porque si no tienen COVID-19, lo cual es probable porque la gripa común y la influenza siguen siendo más frecuentes, podrían entonces contagiarse de SARS-CoV-2 si acuden al centro de atención.

Para dar una idea al lector, hasta el día de ayer el número de pruebas aplicadas en todo el mundo ascendía a 13,836,704, con lo cual se han diagnosticado 1,846,679 casos, es decir que alrededor de 13% de las pruebas que se aplican resultan positivas. Sin embargo, la tasa de pruebas y el porcentaje de positividad por países varía, dependiendo de los recursos tecnológicos que tengan, las disposiciones oficiales en cada uno y quizá aspectos locales. Por ejemplo, el número de pruebas realizadas por cada 100 mil habitantes hasta el momento es de 22 en China, 27.5 en México, 516 en el Reino Unido, 812 en Estados Unidos, 1072 en Canadá, 1670 en Italia y 1573 en Alemania. Pero hay una gran variación en la prevalencia de pruebas positivas. En este mismo orden, han resultado positivas el 25% en China, 10% en México, 23.5% en el Reino Unido, 20% en Estados Unidos, 6% en Canadá, 16 % en Italia y 9.2 % en Alemania. Esto sugiere que la velocidad de la epidemia es diferente en diversos países y que probablemente algún factor genético o ambiental pueda influir en la velocidad de propagación, como se sabe que ocurrió en las grandes pandemias de la historia. Además, también puede variar la positividad de la prueba dependiendo de la calidad con la que se realiza.

La prueba para detectar al virus SARS-CoV-2 es compleja. No es una prueba fácil de realizar por lo que solo se puede hacer en laboratorios especializados, que tengan muy buen control de calidad y el equipo necesario. Se trata de una prueba en la que se “amplifica” un fragmento del RNA del virus, mediante lo que conocemos como reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés). Para llevar a cabo la prueba se requiere tomar una muestra del paciente, usualmente con un hisopado de la nasofaringe. El material obtenido se somete primero a una reacción de transcripción reversa (RT, por su siglas in inglés) para convertir el RNA viral en DNA y después a una PCR en donde un fragmento altamente específico del DNA viral se amplifica en forma geométrica para obtener suficiente cantidad que permita ser detectado en un ensayo de luminiscencia. El estudio no solo permite detectar la presencia del material genético del virus, sino también cuantificarlo.

Como sucede con muchas pruebas de laboratorio, pueden existir los falsos negativos. Es decir, que el enfermo si tenga COVID-19, pero la prueba sale negativa. Por eso, aun los pacientes negativos deben quedarse en casa hasta que termine el cuadro clínico, por si fuera el caso de que tienen COVID-19 y por lo tanto son contagiosos.

Todavía no sabemos con certeza el porcentaje de falsos positivos, porque aún no contamos con pruebas serológicas para detectar anticuerpos contra el virus, que es la forma más precisa de saber si alguien tuvo la enfermedad. La respuesta inmunológica ante una infección se inicia con la formación de anticuerpos específicos contra el virus, del tipo IgM y posteriormente se quedan los anticuerpos de memoria, conocidos como IgG, por lo que la misma enfermedad no puede volver a ocurrir. Así, si alguien tiene IgM contra el virus es que tiene la enfermedad en ese momento o ya se está recuperando, mientras que si tiene IgG contra el virus es que tuvo la enfermedad y ya se curó. Hay un período inicial en donde el sujeto ya tiene la enfermedad pero todavía no se pueden detectar los IgM. A este le llamamos ventana inmunológica.

Las pruebas serológicas están en desarrollo y probablemente contemos con ellas en el transcurso de los siguientes meses. Una vez que las tengamos entonces se podrá estudiar a la población abierta, ya que es un examen estándar, más fácil de realizar y menos caro. Hasta entonces podremos saber el comportamiento real del SARS-CoV-2 cuando determinemos qué porcentaje de la población tiene anticuerpos y cuántos estuvieron o no con un cuadro clínico. Así mismo, cuántos de los que resultaron negativos a la detección del virus con PCR sí tuvieron la enfermedad. Todavía falta mucho por aprender en relación con la epidemia causada por el SARS-CoV-2.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

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