Miércoles, 15 Abril 2020 13:41

Alfonso Larqué

Hay que profesionalizar la actividad de “campesino”

Alfonso Larqué Saavedra*y Bertha Larqué Saavedra

Miembro del Comité de Tecnología y Diseño Comité de Tecnologia y Diseño



“En México alcanzará importación récord de maíz en 2020”. La importación récord de maíz que tendrá México está calculada en 18 millones de toneladas. Esta información fue publicada en los periódicos de circulación nacional el pasado 22 de enero. Ciertamente esta noticia no sólo es preocupante, sino que es una afrenta y noticia que nos indica el principio del fin, de los años de gloria y de fama. México, centro de origen y domesticación del maíz, explicaba Edwin J. Wellhausen cuando fue investido como Doctor Honoris Causa por el Colegio de Postgraduados en Ciencias Agrícolas, por sus aportaciones al sector agrícola; entre otras, por ser el responsable titular del proyecto: Las razas de maíz en México, financiado por la fundación Rockefeller. Los resultados se publicaron en el Folleto Técnico. Núm. 5, de la Oficina de Estudios Especiales. Wellhausen comentó en una conferencia, que el gran botánico de Harvard, P. C. Mangel­sdorf fue uno de los generadores de la idea, coautor de la publicación y que habían “recolectado durante la década de los 1940, maíces de todas las regiones de México”.

La importación de maíz se inició en la década de los 1970; estamos cumpliendo 50 años de importaciones de este grano. Se han anunciado sinnúmero de programas gubernamentales para incrementar su producción, como el modelo de Modernización del Campo que buscó ese objetivo. Se anunció también que la compra de diez mil tractores era la solución, siguiendo al famoso proverbio que reza “con agua, tierra y tractor, cualquiera es agricultor”.

La creación de distritos de riego para incrementar la producción de granos fue una gran inversión que se logró a costa de grandes préstamos internacionales. Recordemos que la formación de la Comisión Nacional de Irrigación fue en 1926 y la Secretaría de Recursos Hidráulicos en 1946, que fue cuando nacieron los distritos de riego. La superficie actual con infraestructura de riego del país es de 6.2 millones de hectáreas, distribuidas en 85 distritos y 39,492 unidades de riego; pero esos millones de hectáreas con riego, según lo publicado, no son suficientes para asegurar la producción de granos básicos. Importamos alrededor del 40% de trigo,90% de arroz y cerca del 38% del maíz, el índice de dependencia de las importaciones está creciendo desde 2006 (a excepción de 2013).

La infraestructura hidráulica, como sabemos, se encuentra en el norte del país —Sinaloa cuenta con 8 distritos de riego, Sonora con 6 y Tamaulipas con 7—, en donde se favoreció la agricultura intensiva y alta tecnología; desafortunadamente, nunca se integró en el modelo la participación de los campesinos. En los estados ricos en campesinos, el número de distritos de riego es muy bajo: Chiapas, 4; Quintana Roo,1; Yucatán,1; Campeche, 0 y Tabasco, 0. El modelo era claro, desplazar la mano de obra por maquinaria agrícola. Este modelo exitoso en muchos países desarrollados pudo capitalizar su agricultura con base en los bancos de semillas que existían en países en donde Vavilov, a principios del siglo XX, describiera como centros donde se generaron las principales plantas cultivadas que ahora conocemos, entre las que destaca el maíz, por supuesto. Con el modelo de tecnificación de la agricultura, los países exportadores de materias primas, como es el caso de Mexico, autosuficientes en este alimento básico, se transformaron en importadores netos de las gramíneas, como hemos anotado. Si bien con la agricultura intensiva y alta tecnología se lograron avances, el programa benefició en gran medida a los empresarios agrícolas que estaban establecidos en los distritos de riego o en tierras de muy buen temporal que actualmente producen hortalizas y frutas con gran éxito.

Ciertamente dan a nuestro país altos ingresos por su exportación, y aportan de manera significativa al PIB nacional. La agricultura de temporal, sin embargo, fue rebautizada como agricultura de subsistencia que es donde está la gran masa campesina, ahora denominada pequeños productores, de continuo descobijada y cada vez más pobre.

Eso sí, se han escrito sinnúmero de libros, artículos, se han hecho hasta leyes, innumerables congresos, simposio, etc. y creado numerosas dependencias donde se anotaba que la Revolución Mexicana, fue una revolución campesina.

¿La importación récord de maíz es una afrenta al campesino mexicano? Cuál campesinado, preguntamos, ya que es por todos conocido que el número de campesinos maiceros ha disminuido dramáticamente y los que quedan son casi todos viejos, que ven la gran cantidad de tierras abandonadas o que están pobremente trabajadas.

Los jóvenes ya no saben trabajar la tierra, se fueron de albañiles a Cancún o emigraron, comentan en la península de Yucatán, fenómeno que es común en otros estados del país. Es claro también que el modelo milpero está en extinción. Un siglo de múltiples complicaciones en el campo mexicano y el exceso de modelos de escritorio de desarrollo rural llevaron a que la actividad de campesino llegara al nivel de ser la menos remunerada y con menos seguridad social. ¿Quién va a trabajar la tierra? La ancestral sabiduría se está extinguiendo, a pasos agigantados.

Los que respetamos la actividad y la importancia de los campesinos para la sustentabilidad del país y para enfrentar los retos del cambio climático, proponemos que se profesionalice la actividad de campesino. Su sabiduría de seleccionar y conservar las plantas, muchas de ellas como sabemos, alimentan al mundo, el domesticar al maíz y mejorar las diferentes razas, la conservación del suelo y el manejo del agua y sobre todo el cuidado del entorno donde producen alimentos, plantas medicinales, plantas que producen fibras, etc., son elementos centrales de la presente propuesta.

La permanente defensa durante siglos de conservación del germoplasma en las zonas en donde se han mantenido los grupos campesinos debe reconocerse, no sólo con discursos. Las biotecnologías que desarrollaron antes de la conquista de nuestro país, que son aportaciones vigentes, son elementos para que los que quieren innovar, permitan que se coloquen nombramientos de campesino en las respetables casas en donde habitan.

Si se considera esta propuesta, entonces sí creo que estaremos compartiendo la riqueza de México.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias,
Centro de Investigación Científica de Yucatán.

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