Miércoles, 22 Abril 2020 09:31


Los productores de pequeña escala proveen el 80% de la producción mundial de alimentos, poseen hasta cinco hectáreas y en México representaban el 66% de las unidades de producción agrícola. Ellos desempeñan un papel esencial para afianzar la seguridad alimentaria y la nutrición, y contribuyen a la creación de empleo en las zonas rurales, la reducción de la pobreza y el uso sostenible y conservación de los recursos naturales. Por lo anterior, las políticas para el campo de la 4T plantean diversos programas para estos productores. Entre ellos el Programa de Desarrollo Rural que opera a través de los Proyectos de Desarrollo Territorial (Prodeter), de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, cuyo objetivo es incrementar de manera sostenible la productividad de las Unidades de Producción Familiar (UPF) en zonas marginadas, para contribuir a mejorar el ingreso de la población rural.

Las UPF son explotaciones agropecuarias campesinas que basan su actividad productiva en el trabajo del productor y su familia. Entre sus características destaca una economía diversificada y sistemas de producción de alta complejidad, que se expresan en actividades y productos dirigidos casi exclusivamente al sustento familiar y comunitario; por ejemplo la milpa y el traspatio. La pequeña escala y una desorganización económica, crean las condiciones para que los productores compren, produzcan y vendan solos, e incurran en altos costos de producción y bajos precios de venta. Este fenómeno generalizado, fomentado por programas basados en padrones que entregan apoyos individualizados, forma parte de la explicación de la pobreza y marginación que priva entre las poblaciones campesinas rurales e indígenas.

Si consideramos que la producción primaria no participa con más del 10% del valor final de los productos en la cadena y concentra la mayor parte de los riesgos, es claro que para romper la condición de pobreza en el medio rural es necesario que los productores se pongan de acuerdo para participar activamente en funciones económicas adicionales, que les permitan generar y retener valor en sus territorios, y comportarse como sujeto colectivo para la toma de decisiones sobre su presente y futuro.

Un territorio describe el desenvolvimiento espacial de las relaciones sociales que establecen los seres humanos en los ámbitos cultural, social, político y económico. Entonces los Prodeter se basan en el grupo social, su cultura e identidad y su interacción con la naturaleza en el espacio geográfico en el que viven, y los retos son la formación de los productores como sujetos de desarrollo, la integración de las cadenas productivas desde la base social y la valorización del conocimiento como factor clave del cambio. Sus ejes:

1. Incentivar a UPF, para que mediante proyectos de inversión accedan a activos fijos, para mejorar su capacidad productiva y realizar un aprovechamiento sustentable de los recursos naturales.

2. Integración Económica de las Cadenas Productivas mediante la incorporación de las UPF a proyectos de inversión para el establecimiento de empresas de productores, cuyo objeto social sea desempeñar funciones económicas de encadenamiento productivo.

3. Desarrollo de Capacidades, Extensión y Asesoría Rural, para mejoras en los procesos productivos de las UPF.

4. Investigación y Transferencia de Tecnología, para articular la investigación con los productores y extensionistas, promover la aplicación de componentes tecnológicos, y atender problemas estructurales del medio rural y las cadenas productivas; en el marco de un diálogo de saberes entre campesinos y científicos.

Los Prodeter empiezan con la definición de los territorios y reuniones con los productores para explicarles el programa y consultarles si quieren participar. Si dicen sí, forman un comité técnico y uno de organización, que con el apoyo de los extensionistas e investigadores hacen el diagnóstico técnico-productivo de las UPF. Nuestro equipo utilizó un juego de instrumentos estructurados para acopiar información de primera mano, que se procesaron utilizando inteligencia de datos para definir cuáles son los mayores problemas, y proponer proyectos y propuestas de transferencia de tecnología, junto con estrategias de soporte técnico y acompañamiento a los productores.

Si bien el Prodeter es fundamental para el desarrollo sostenible en áreas rurales y tierras de temporal, su implementación representa un gran reto. Fue difícil para todos entender el programa y su operación, por ser muy diferente a lo que se hacía. Los productores esperaban recibir dádivas individuales, sin tener que trabajar en grupo y contribuir al proyecto, tal y como se acostumbraba en los programas de beneficencia. Los funcionarios querían tener mayor capacidad de decisión e intervención, pero éstas residen en los productores, e incluye la administración del dinero y quiénes son proveedores. Los extensionistas estaban acostumbrados a decidir qué les convenía a los productores, a escribir los proyectos y a ser los que decían a los productores qué hacer y cómo.

¿Y los investigadores? Quienes han trabajado en el campo, quisieron aplicar los modelos que han utilizado, sin considerar la identidad de cada territorio. Para otros fue una inmersión en la realidad de nuestro México rural, con la sacudida correspondiente. Otros no pudieron participar, porque los recursos económicos fueron muy escasos, el tiempo para llevar a cabo el proyecto en el primer año se redujo a tres meses, y las reglas fueron modificándose.

Al final, varios productores se sintieron utilizados, defraudados, y a pesar de su entusiasmo inicial y participación activa se salieron. Antes de abandonar el programa se presentaron en grupo ante funcionarios estatales y federales, les enviaron oficios firmados por todos, pero nada pasó. No vieron el cambio tan esperado en el contexto de la 4T y sintieron que se trataba de más de lo mismo de siempre.

Pero notamos que algunos grupos de productores van en camino de ser sujetos de desarrollo, se organizaron, tienen asambleas, toman decisiones y colaboran entre sí. Así que el programa puede dejar de ser una utopía, si cambian las actitudes de todos los actores. Cambiar costumbres tan arraigadas es muy difícil, pero el cambio de un país demanda cambios en la manera en que actuamos individualmente, por ejemplo, recuperar tradiciones milenarias del trabajo colectivo y en equipo, donde cada quien aporta sus conocimientos, habilidades y esfuerzo para alcanzar objetivos y metas comunes.



*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias, Investigadora del Centro de Investigación en Alimentos y Desarrollo (CIAD)

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