Lunes, 13 Julio 2020 08:01


Seis meses han pasado de que el mundo se enteró de la aparición de una infección respiratoria en la provincia de Wuhan, China, causada por un nuevo virus, de la misma familia del coronavirus que causa el síndrome agudo respiratorio grave (SARS-CoV por sus siglas en inglés), por lo que al nuevo virus se le denominó SARS-CoV-2. Como la enfermedad fue descrita el último día del 2019, se pasó a llamar COVID-19 (Coronavirus Disease 2019). El SARS-CoV-2 resultó ser mas transmisible y letal que el SARS-CoV, por lo que rápidamente se extendió a todos los países del mundo ante la mirada incrédula y desconcertada de la mayor parte de la población mundial. El 11 marzo la Organización Mundial de la Salud la declaró pandemia. En estos seis meses se han enfermado más de 12 millones de personas, de las que más de 550 mil han perdido la vida. En nuestro país hasta el día 8 de julio se habían reportado oficialmente 289,174 casos, con cerca de 34,191 muertes.

La comunidad científica de todo el planeta se ha volcado a tratar de entender la enfermedad y desarrollar métodos para diagnosticarla, tratarla y prevenirla. Se han registrado más de 2,500 estudios en clinicaltrias.gov y se han publicado más de mil artículos científicos al respecto. A seis meses de la aparición de la enfermedad hemos avanzado mucho en el conocimiento de esta, pero todavía falta mucho por saber. Ya sabemos la secuencia del virus y que parte utiliza el virus para ser infeccioso. Conocemos al receptor en la célula que permite la entrada del virus. Se han encontrado algunos medicamentos que son de ayuda en los pacientes más graves. Sin embargo, falta mucho por saber y las respuestas que se obtienen abren nuevas preguntas que deben ser contestadas. Así es como funciona la ciencia. Cada avance nos resuelve algo, pero nos permite ver otro pedazo del universo por resolver. Esto lo decía de forma muy poética un profesor muy querido de la Universidad de Yale. Gerhard Decía: “seguimos confundidos, pero confundidos en un nivel superior”. A continuación algunas de las dudas que siguen en el ambiente.

¿Cuánto tiempo va a durar la pandemia y cómo se va a comportar? Se han desarrollado diversos modelos matemáticos que muestran que la pandemia llegó para quedarse y se espera que existan brotes frecuentes. Hemos aprendido que lo que realmente sirve para disminuir los contagios es mantenerse aislado el mayor tiempo posible, no acudir a lugares con alta densidad de personas y menos, si son espacios cerrados, tener el menor contacto físico con otras personas y utilizar cubreboca al entrar a cualquier lugar ajeno. Sin duda el SARS-CoV-2 vino a cambiar nuestra forma de relacionarnos.

¿Cómo se genera la inmunidad a la enfermedad y si será permanente? Existen múltiples estudios que se han concentrado en el análisis de la generación de anticuerpos, particularmente de los que se conocen como neutralizantes, porque previenen la interacción del virus con su receptor. Los pacientes mientras más graves, más anticuerpos desarrollan, pero con el tiempo el nivel de estos disminuye. En estudios en animales, incluyendo primates, la reinoculación con el virus ya no produce la enfermedad pulmonar, lo que sugiere que la inmunidad que queda es suficiente para prevenir la enfermedad, pero se sigue obteniendo virus del exudado nasal, por lo que al parecer la inmunidad pudiera no ser útil para evitar la propagación del virus. Hasta el momento, no se ha reportado ningún caso bien documentado de alguien que se haya curado del COVID-19 y después se vuelva a infectar de nuevo. La esperanza de la humanidad es que como en muchas otras enfermedades virales, la inmunidad que se genere sea permanente.

¿Se desarrollará una vacuna y será útil? Hay más de 200 diferentes vacunas que se han generado contra SARS-CoV-2, con diferentes metodologías, y en varias de ellas se están iniciando los ensayos clínicos controlados para definir si serán útiles para inducir inmunidad. Los estudios en primates y roedores son muy prometedores ya que semanas después de la administración de la vacuna desarrollan anticuerpos, así como resistencia a la infección cuando son inoculados.

¿Por qué unos enfermos contraen la enfermedad y son asintomáticos, otros desarrollan una enfermedad leve a moderada y otros se ponen gravísimos? Se han identificado varios factores de riesgo que se asocian con desarrollar una enfermedad más grave, de los cuales los más importantes son la edad (como sucede con muchas otras infecciones), la obesidad y padecimientos crónicos como la diabetes mellitus, el cáncer y la hipertensión arterial. Pero falta entender por qué pacientes que no tienen ninguno de estos factores de repente desarrollan la enfermedad grave. Por qué en algunas familias la enfermedad es devastadora. Se piensa que debe haber factores genéticos de los cuales estudios genómicos han identificado marginalmente algunos, como los genes que codifican para los grupos sanguíneos ABO y para la enzima convertidora de angiotensina 2, que funciona como el receptor del virus en las células. Debe haber muchos más jugadores en este terreno que esperan ser desenmascarados.

El virus es capaz de mutar y con esto hacerse más peligroso? Esta pregunta está en la mente de muchas personas porque sabemos que otros virus, como el VIH, no han podido ser controlados por la alta frecuencias de mutaciones. Se ha seguido al SARS-CoV-2 por todo el mundo y se han documentado mutaciones en el mismo que pueden se rastreadas de un lugar a otro, pero hasta el momento ninguna ha mostrado aumentar la transmisibilidad o peligrosidad del virus. Un reporte reciente en un artículo en pre-print concluía que una mutación lo hacía más peligroso, pero en la versión ya revisada por pares publicada en la revista Cell, esta conclusión ya no se sostiene.

Mucho nos falta por saber y mucho hemos avanzado, considerando que la enfermedad lleva apenas seis meses en el planeta. Confiamos en que la ciencia siga dando respuestas a todos los niveles y que dentro de seis meses tengamos más descubrimientos que comentar y un mejor pronóstico para el siguiente año.



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