Lunes, 27 Julio 2020 08:20

El embarazo es una condición fisiológica especial en la vida de las mujeres que las hace vulnerable a diversos eventos. En este proceso, la mujer pasa por un período de nueve meses en los que de un microscópico óvulo fecundado, logra concebir a un ser humano completo, de aproximadamente 3 kg de peso, más un nuevo órgano que se llama placenta, que llega a pesar hasta 700 gramos, el útero grávido que aumenta su peso hasta en un kilo, aunado a un litro/kilo de líquido amniótico y al menos otros dos kilos más de aumento en el peso corporal, por el incremento en el volumen sanguíneo y en la acumulación de grasa en ciertos órganos. Total, una ganancia de 8 a 9 kg de peso. De ahí la regla general de que una mujer embarazada debe subir un kilogramo por mes y que un amigo mío decía estarlo cumpliendo cabalmente él, mientras obviamente su esposa era la embarazada.

En este período la mujer se vuelve vulnerable. Algunas enfermedades que en condiciones no grávidas son leves, en el embarazo pueden ser más graves o atentar contra su adecuada evolución. De hecho, en la creencia popular muchas personas consideran al embarazo mismo una enfermedad, ya que se refieren al parto como “aliviarse”. A esto hay que agregar que existen un número importante de enfermedades que solo ocurren en el embarazo. Por ejemplo, la preclamsia, una de las más frecuentes, que aparece usualmente en el segundo o tercer trimestre del embarazo y se presenta como hipertensión arterial y síndrome nefrótico (presencia de proteínas en orna) y puede llegar a producir convulsiones, por lo que no es infrecuente que sea motivo para interrumpir prematuramente el embarazo. Por estos motivos la obstetricia es una de las especialidades troncales de la medicina, que en general la dividimos en cuatro: medicina interna, cirugía, ginecobstetricia y pediatría.

A la muerte que ocurre durante el embarazo, el parto o en los siguientes 42 días después del parto, se considera como muerte materna y es, por supuesto, una de las tragedias más grandes que pueden ocurrir. Dado que el embarazo sucede siempre en gente joven, la mortalidad materna, junto con la mortalidad infantil, son de los indicadores más sensibles del nivel de salud que tenga una población, porque la tasa de muerte materna es un reflejo de problemas estructurales en el sistema de salud. Por esta razón, la semana pasada los diarios de circulación nacional resaltaron que la COVID-19 se ha convertido en la causa número 1 de muerte materna. Se informó que han ocurrido 81 muertes maternas en un total de 2,842 casos documentados de COVID en mujeres embarazadas, lo que significa una mortalidad del 2.8 %. Hay que agregar otras 29 muertes cuya confirmación por COVID esté en proceso. Esto hace sentido con los datos mostrados por el Instituto de Nacional de Perinatología en un reciente webinario (https://youtu.be/tbuIPYTK0II), en que mencionaron que para el 7 de julio había en el país 2,017 casos documentados de COVID en mujeres embarazadas, de las cuales el 18% estaban en el primer trimestre del embarazo, 31 % en el segundo y 50% en el tercero. El 70 % fue no grave y el 30 % grave. De las dos primeras causas de muertes maternas que ocurren cada año, a esa fecha en 2020 había 71 por enfermedad hipertensiva del embarazo y 69 por hemorragia durante el embarazo o partas, por lo que los 83 casos confirmados de muerte por COVID se convierten, en efecto, en la primera causa de muerte materna.

Para conocer que significa esto en relación con lo que está ocurriendo en el mundo podemos ir a la literatura y ver que está pasando allá afuera. Quizá el estudio más claro publicado es el desarrollado en la Gran Bretaña, en el que se analizó lo que ha ocurrido en las 194 unidades de obstetricia que existen en ese país (British Medical Journal, 2020;369:m2017). En un período de 45 días se registraron 427 pacientes embarazadas con COVID que fueron internadas por motivos de gravedad. En el mismo período se registraron 86,293 embarazos, lo que da una tasa de 4.9 casos de hospitalización por COVID por cada 1,000 embarazos. El 69% tenían obesidad, 41 % más de 35 años y 34 % comorbilidades. Requirieron de soporte ventilatorio 41 pacientes (10 %) y cinco fallecieron (1 %). Estos últimos números podrían cambiar un poco ya que al momento del reporte 26 pacientes (6 %) todavía estaban internadas en el hospital. De los recién nacidos, 67 requirieron ingreso a la unidad de terapia intensiva neonatal, en el más de los casos por haber nacido prematuros. Seis tuvieron una prueba positiva para SARS-CoV-2 en las primeras 12 horas de vida, pero no se analizó el cordón umbilical, por lo que no se puede concluir que el contagio fuera por transmisión vertical, es decir, a través de la placenta. Los datos sugieren que es poco probable que exista este tipo de transmisión.

Estos datos muestran una diferencia clara de lo que está pasando en nuestro país en comparación con uno del primer mundo. Los datos mostrados en el webinario de perinatología indican que el 30% de las pacientes han requerido hospitalización, lo que correspondería a 854 de las 2,842 mujeres embarazadas con COVID. La mortalidad en estas 854 catalogadas como graves fue de 83, esto significa el 9.7% de mortalidad, mientras que en las 427 de la Gran Bretaña catalogadas como graves, la mortalidad fue de 1 %.

No tengo los datos para saber en que hospitales o ciudades fueron atendidas las pacientes embarazadas en México, pero esto sugiere que la calidad de atención que tenemos en este tipo de unidades quizá no sea la óptima. Recomiendo en consecuencia que las mujeres embarazadas en nuestro país, tengan especial cuidado de mantener sana distancia y quedarse en casa lo más posible, para evitar contraer la COVID-19 en este período fisiológico que como inicié el editorial, las pone en un estado de vulnerabilidad.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

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