Lunes, 05 Octubre 2020 08:34


Un millón de lo que sea es mucho, excepto de unidades de penicilina, decía mi buen amigo Sergio Saldívar, ya que la penicilina es un antibiótico que cuando se administra por vía intravenosa es a razón de uno a diez millones de unidades por hora. Esta semana, cuando han transcurrido nueve meses de que se informaron los primeros casos de COVID, llegamos a la terrible cifra de un millón de defunciones. Este millón si es mucho, es desafortunado y es triste. Curiosamente, llegamos a esta terrible cifra en la misma semana en que muere Quino, el creador de la adorable Mafalda y sus amigos, que tantas veces dibujó al mundo triste y llorando.

Para dar una perspectiva al lector, según los datos del INEGI en el 2018 se registraron en México 722,611 defunciones. De estas, el 88.4 % fueron por enfermedad. Es decir, en ese año hubo 638 mil 862 muertes en México debido a enfermedades. El 11.6 % restante, 83 mil 749, fueron por causas externas como homicidios o accidentes. Por tanto, en nueve meses del año 2020 han fallecido 1.6 veces más personas de COVID en el mundo, que todas las que murieron en México durante un año completo por alguna enfermedad.

De las defunciones ocurridas en México en 2018, 28 mil 332 fueron secundarias a influenza o neumonías. Es decir, por una enfermedad infecciosa de las vías respiratorias que, similar al COVID, el sujeto no la tenía dos o tres semanas antes de morir. Si nos atenemos a las cifras oficiales, en lo que va del año han ocurrido 78 mil 492 muertes por COVID, es decir, 2.6 veces más muertes por infecciones respiratorias en nueve meses, que las que ocurrieron en México en todo un año, a las que habrá que agregarle las de influenza y otras neumonía propias del 2020. Sabemos, además, que la cifra oficial es inferior a la real, ya que a quien no se le haya tomado una prueba de PCR para SARS-CoV-2 o bien, que haya sido negativa, no se considera oficialmente como defunción por COVID-19.

El millón de defunciones en el mundo ocurren sobre un total de 33 millones 799 mil 264 casos, para una tasa de mortalidad global de 2.9%. Dado que la frecuencia con la que se hacen pruebas para COVID en diversos países varía mucho, y a que existen los falsos negativos, es probable que el número de casos sea mayor y por lo tanto la mortalidad sea un poco menor. De cualquier forma, asumiendo que sea entre el 1 y el 2%, esto es muy alto cuando se trata de una enfermedad que se disemina de la forma en que lo ha hecho la COVID.

Es muy difícil saber el comportamiento real de esta enfermedad en la población abierta, pero un estudio que es muy ilustrativo y en cierta forma, esperanzador, es el publicado en septiembre en el New England Journal of Medicine sobre el caso de Islandia (DOI: 10.1056/NEJMoa2026116). Este es un pequeño país que es una isla localizada en el océano Atlántico, cercana al continente europeo. Tiene alrededor de 365 mil habitantes y su capital se llama Reikiavik. Ocupa el sexto puesto como país más desarrollado del mundo y el primer lugar en el índice de paz global. En 2018 con su primera aparición en un campeonato mundial de futbol, Rusia 2018, el imponente grito vikingo que constituye su porra lo puso en el mapa para muchos.

Como la única puerta de entrada o salida de Islandia es el aeropuerto internacional, pudieron controlar razonablemente la epidemia. El primer caso lo detectaron el 28 de febrero y para el 30 de abril la epidemia se había controlado. Entre febrero y el 30 de abril detectaron 1797 casos, mientras que de mayo a junio 15 detectaron solo 13. Esto gracias, en parte, al extenso estudio de la población con PCR. Para junio 15 le han hecho la prueba de COVID a 54,436 personas, que significa el 15 % de la población. Algo así como si en México ya hubiéramos analizado con PCR a 20 millones de personas.

En este reporte se muestran los resultados de la respuesta inmunológica en 30,576 habitantes de Islandia, es decir, en el 8.3 % de la población. Sería como si en México hubiéramos hecho este tipo de análisis en 10.5 millones de habitantes. Se utilizaron seis diferentes ensayos de anticuerpos. El grupo estudiado incluye enfermos de COVID, personas sin COVID, personas que no tenían antecedente de haber tenido exposición a SARS-CoV-2, así como otras que tuvieron exposición y se mantuvieron en cuarentena. Veamos los resultados.

Primero validaron los métodos para medir anticuerpos y vieron que los dos mejores son los que detectan simultáneamente las inmunoglobulinas M, G y A. Solo uno de estos dos métodos fue positivo en 1 de 465 muestras de suero almacenadas de 2017. O sea, no dan falsos positivos. En cambio, de 1797 pacientes que se han recuperado de COVID-19, estudiaron a 1215, de los cuales, 1107 (91.1 %) fueron positivos para anticuerpos contra SARS-CoV-2, mientras que en los pacientes que estuvieron en cuarentena por haber tenido exposición, pero no enfermaron, 2.3 % fueron positivos y aquellos sin exposición conocida, solo el 0.3 % lo fueron. El resultado más esperanzador del estudio es que el 90 % de las personas que fueron positivos para los anticuerpos, han permanecido así hasta cuatro meses después del diagnóstico, lo que sugiere que la inmunidad persiste. De 22 pacientes que fueron negativos con ambas mediciones de anticuerpos y que tuvieron PCR positiva, 19 (86%) volvieron a salir negativos semanas después, lo que sugiere que algunos enfermos no hacen anticuerpos, o los hacen contra otros antígenos no incluidos en los páneles utilizados, o que exista la posibilidad de PCR falsos positivos y entonces no tuvieron COVID.

Apenas estamos empezando a conocer bien el comportamiento de la enfermedad. Seguirán apareciendo este tipo de estudios a los seis, doce o más meses de iniciada la pandemia. Debemos de invertir lo necesario para conocerla y por lo tanto, poder vencerla. Se lo debemos al millón de personas que inspiraron este editorial.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

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