Domingo, 27 Diciembre 2020 18:43

Gerardo Gamba

¿El fin de año y el principio del fin?

Dr. Gerardo Gamba Ayala

Comité de Ciencias Naturales Comité de Ciencias Naturales


Este es el último editorial del año que hago sobre COVID. Desafortunadamente terminamos con la pandemia en su momento más álgido. Semáforo rojo, con los comercios cerrados, en el peor de los momentos para que eso ocurriera. Mi solidaridad con los conciudadanos que están viendo difícil su situación económica por esta medida. Sin embargo, al trabajar en un hospital puedo comentar, si de algo sirve, que el asunto de verdad es grave. Desde que inició la epidemia no habíamos tenido tantos pacientes, ni habíamos estado tan saturados y sin encontrar lugar a donde poder remitir a los pacientes graves que, por razones de cupo ya no podemos aceptar en la terapia intensiva. Conocemos las medidas con las que podría disminuirse considerablemente la tasa de contagios, pero como siempre en medicina, lo más difícil de todo es la aplicación de medidas a nivel poblacional.

La semana pasada se produjo preocupación en el mundo por el informe de una nueva cepa de SARS-CoV-2 que fue detectada en Inglaterra y con esto surgieron varios interrogantes que me parece pertinente aclarar en este editorial. Las mutaciones en los virus ocurren con mucha frecuencia y la mayor parte no tienen ninguna consecuencia. En relación con esto, el Consorcio de Secuenciación de COVID en la Gran Bretaña emitió recientemente algunos datos que son de interés. Así mismo, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades emitió también un comunicado. Lo primero en lo que insisten ambos documentos es que es muy temprano para tener conclusiones sobre la consecuencia que pueda o no tener la mutación comentada por los diarios.

Para que el lector se de una idea de las mutaciones que ocurren en el virus, según el Consorcio, al 15 de diciembre habían secuenciado el genoma de 126,219 aislados de virus de diversos pacientes. De estos, han encontrado nada más en la proteína SPIKE, 1,777 cambios de al menos un aminoácido. Si se consideran además las mutaciones en el RNA que no conducen a cambios de aminoácidos, son todavía mucho más numerosas. De las 1,777 mutaciones, 654 (37%) se observaron solo en un caso, mientras que 87 (5%) se observaron en más de 100 secuencias.

Lo que llamó la atención la semana pasada fue la ocurrencia de un grupo de mutaciones observadas en aislados de diferentes pacientes, lo que indica que fue por transmisión del virus mutado, ya que la probabilidad de que las mismas mutaciones ocurran en forma espontánea en dos casos distintos es nula. Se trata de un SARS-CoV-2 que tiene tres deleciones y siete mutaciones en la proteína SPIKE. Tiene eliminados los aminoácidos 69, 70 y 144 y con los siguientes cambios puntuales: N501Y, A570D, D614G, P681H, T716I, S982A, D1118H (en cada caso, la primera letra es el aminoácido de la secuencia del SARS-CoV-2 original, el número corresponde al número del aminoácido y la segunda letra al aminoácido que resultó de la mutación). El virus con todos estos cambios se ha secuenciado en 1416 aislados en la Gran Bretaña y se han reportado con esta mutante nueve casos en Dinamarca, uno en Holanda y uno en Australia, lo que indica que ya ha salido de la Gran Bretaña.

El virus mutante fue detectado justo cuando ha aumentado la epidemia en la parte sur de Inglaterra en la que en la semana 41 del año se reportaron 100 casos por 100 mil habitantes, mientras que en la semana 50 subieron a 400 por 100 mil y el porcentaje de casos con la variante mencionada pasó de 0 % en la semana 42 al 11% en la semana 47. Por esta razón se ha sugerido que quizá esta variante tenga más capacidad para ser transmitida. La nueva cepa incluye la mutación D614G, que ya habíamos comentado en este espacio que tiene mayor capacidad de transmisión, sin ser más agresiva (30 nov 2020). El aminoácido N501 se sabe que es parte de la fracción conocida como RBD, porque es parte de la proteína SPIKE que se une al receptor, lo que podría también alterar la capacidad del virus de penetrar a la célula, como lo hizo la mutación D614G. Un estudio publicado en línea hace unos días que aún no ha sido revisado por pares sugiere que la nueva variante es 56 % más transmisible (https://cmmid.github.io/topics/covid19/uk-novel-variant.html).

Por otro lado, se ha sugerido también que la variante no parece ser más agresiva ya que en los casos reportados no ha aumentado la gravedad o mortalidad. Sin embargo, este dato también es temprano para asegurarlo ya que la mediana de edad de los pacientes con este aislamiento es de 41 años, por lo que la mayor parte de los casos han ocurrido en personas de menor riesgo por edad. Finalmente, no se sabe el origen de esta mutante, pero se ha sugerido que quizá pudo ocurrir en algún paciente inmunosuprimido al que le llevará muchas semanas deshacerse del virus y entonces le diera tiempo de acumular todas estas mutaciones.

Regresando al principio. Terminamos el año con la epidemia más prendida que nunca y con una nueva variante que está causando preocupación. A pesar de eso, no estamos peor que al principio. Gracias a la investigación científica, estamos en mejor posición. Ya conocemos al enemigo, tenemos varias pruebas para detectarlo cada vez más rápidas y confiables, hemos aprendido mucho de cómo manejar a los enfermos y tenemos dos o tres maniobras que son útiles, hay múltiples medicamentos en desarrollo y tenemos ya tres vacunas eficientes y otras que vienen en camino. Una analogía sería lo que ocurrió en el conocido como día D en Normandía, hacia el final de la segunda guerra mundial. Fue quizá uno de los días más feroces y con mayor número de muertos, pero ya se conocía al enemigo y ese fue el principio del fin. Conocemos al enemigo, tenemos forma de acorralarlo durante el 2021. Por el momento lo que necesitamos es conservar la paciencia y mantenernos aislados el mayor tiempo posible. Se lo debemos a todos los que se han quedado en el camino.



Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

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