Miércoles, 31 Marzo 2021 08:30


Cuando era joven tenía muchos amigos. Generalmente nos reuníamos para jugar futbol, para escuchar música y para platicar de mil y un temas. Queríamos transformar el mundo y eso comenzaba, claro, por desvelarse discutiendo lo qué íbamos a transformar.

Me aparté de los amigos de juventud cuando crucé el Atlántico para estudiar en Europa. Pero aún así quedaba la letra escrita y nunca dejé de mandarles cartas de mi puño y letra, como se dice. Había que comprar las estampillas y depositar la carta en un buzón o llevarla a la oficina de correos. Era una acción que requería algo de tiempo, organización e interés de todos los participantes.

Lo más común es que no recibiera respuesta alguna. Los mexicanos no escriben. Alguna vez le pregunté a un polaco que es profesor de la UAM a que se debe esto, ya que él mismo me confesó que al llegar a la Ciudad de México dejó de tener correspondencia con sus familiares en Polonia. Se encogió de hombros y me dijo en perfecto español: “Pos así somos los mexicanos”.

Un rayito de esperanza llegó con la red global. En los ochentas le mencioné a conocidos en México que existía Internet y que deberían conseguir acceso a través de sus universidades. Se reían de mí y decían que no les interesaban mucho las “redes platicadoras”.

Pero los noventas trajeron Internet para todos y sobre todo la WorldWideWeb. De pronto mis amigos ya tenían correo electrónico y al principio lo usaban como juguete nuevo. Llegué a recibir correos, nunca muy largos, pero con los que daban una señal de vida.

A partir del nuevo siglo una nueva vuelta a la tuerca tecnológica arruinó todo. Llego Facebook y todo mundo comenzó a “migrar” hacia las “redes sociales”. Ya me decían, “no envíes correos, ponlo en Facebook”. Querían que mis cartas las pegara como postings en sus muros de red social, cual grafitis electrónicos. Claro que nunca me registré en Facebook.

Luego llegó Twitter con sus mensajes de 140 caracteres. “Estoy en la cola de las tortillas” es uno de los postings típicos en ese medio. La escritura quedó limitada a lo que cabe en un mensaje, de igual extensión que las dos oraciones anteriores. Ahora me decían, “hazte seguidor de mis tweets”. En las redes se coleccionan seguidores como si fueran mariposas. Los machos o hembras Alfa son los que tienen miles o millones de fieles adeptos.

Y entonces llegó WhatsApp. Con su ascenso y la propagación de los celulares (hoy en día hay más celulares que personas en el planeta) perdí de vista a los últimos amigos. Los pocos que aún respondían correos electrónicos lo dejaron de hacer. Si en México los encontraba y les reclamaba no haber respondido a mis últimos diez correos, la respuesta era siempre la misma: “dame tu número y ahorita mismo te mando un WhatsApp”.

La digitalización universal, que mueve Gigabits de un continente al otro a la velocidad de la luz, acabó por sepultar a la comunicación interhumana. A mi correo electrónico ya solo llega el spam. Y no es que no conozca y use WhatsApp, pero en México se retransmite todo lo que se produce en otros países. Lo que veo en los celulares son retransmisiones de retransmisiones de memes, fake news, mensajes religiosos, mensajes de inspiración, productos milagrosos contra el Covid, pero poco que la gente teclee por su cuenta. Como siempre, México consume mucho, pero produce poco, solo retuitea y sigue sin escribir. Hasta la frase “me gusta” se agrega mandando una carita feliz.

Reflexionando sobre todo esto podría ser que estemos presenciando la desaparición de la escritura como medio de comunicación social. En el inicio de la escritura se inventaron los jeroglíficos. Los fenicios hicieron más abstractos a los símbolos y comenzaron a surgir los alfabetos. Al principio se escribía de corrido, como los griegos o romanos. En la Edad Media se inventaron los símbolos de puntuación, como son la coma, el punto y los paréntesis. Después se inventó la imprenta y el correo. En Londres del Siglo XIX se podía enviar una carta a Manchester y llegaba el mismo día. Se inventaron las estampillas postales con reconocimiento internacional. En 1874 se fundó la Unión Postal Internacional.

Pero llegaron las redes y desaparecieron las cartas y la mayor parte de las sucursales de correos (una carta de Monterrey a Dallas tarda 116 días). Llego el Twitter y desaparecieron los símbolos de puntuación. Y ahora con el WhatsApp se puede tener tertulias completas en base a emojis, los famosos muñequitos que están suplantando a los ya obsoletos alfabetos. Las pantallas de celulares parecen ahora estelas mayas, con sus muchos dibujitos.

Civilizaciones futuras tratarán de descifrar las modernas estelas creadas con los emojis, para entender que pasó cuando los alfabetos y la escritura desaparecieron.



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