Martes, 17 Diciembre 2019 16:50

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Hacia un modelo más efectivo de transferencia tecnológica para nuestras Universidades y Centros de Investigación



El Modelo de Transferencia Tecnológica predominante en nuestras Universidades y Centros de Investigación en México busca tramitar patentes a nombre de la institución, fruto del trabajo de desarrollo tecnológico de sus investigadores, alumnos y personal técnico afiliado y, eventualmente, licenciar estas patentes a empresas a cambio de regalías. En muchos casos se contempla, inclusive, el poder compartir un porcentaje de las ganancias con dichos investigadores.

Este Modelo parece atractivo y deseable, pero en realidad ha sido, en general, un fracaso: la mayoría de las patentes quedan sin transferir y muy rara vez generan ingresos que cubren los gastos de desarrollo, gestión y transferencia. La gran mayoría de las patentes solicitadas no concluyen en transferencia alguna y terminan en alguna página web institucional esperando que alguna empresa se interese en licenciarlas. El fracaso se debe a que este Modelo se basa en una serie de suposiciones que en la mayoría de los casos no se cumplen.

La primera suposición es que todo el trabajo inventivo y de generación de valor se hizo dentro de la Institución por sus empleados, y que éste se puede transferir a una sola empresa comercializadora quién hará usufructo. Cada vez más, y sobre todo en proyectos ambiciosos y de gran impacto potencial, los desarrollos son fruto de colaboración interinstitucional con personal de varias instituciones de investigación y personal de empresas, no solo de una sino de toda la cadena de valor. En estos casos, el contrato de licencia bi-partita modelo se queda corto y la negociación entre las partes se vuelve muy complicada, sujeta a las políticas propias de cada institución.

La segunda suposición es que los desarrollos están esencialmente completos y que la empresa interesada puede simplemente negociar una licencia y comercializar el desarrollo, y que todo el conocimiento necesario está plasmado en la patente. La realidad es que, en la gran mayoría de los casos, para poder comercializar un nuevo desarrollo se necesita mucho más que la tecnología básica. Lo que le da verdadero valor a un desarrollo es todo un conjunto que incluye el personal técnico experto, bases de datos y resultados de laboratorio, listas de proveedores y contratos, bitácoras y documentación, y todo ese conocimiento práctico no documentado que sólo quien lo ha trabajado conoce, para poder convertir esa tecnología desReferenciascrita en la patente en un producto comercial.

La tercera suposición es que existe, para cada nuevo invento, una empresa comercial con el capital necesario para invertir en el desarrollo de producto y con la capacidad de vender y pagar regalías por la vida de la patente. En proyectos particularmente innovadores, de productos y modelos de negocios nuevos, en muchos casos, estas empresas no existen y tienen que ser creadas. Empresas establecidas en el mercado difícilmente están dispuestas a invertir en algo que amenaza su propia estructura y modelo de negocios. Y aunque las empresas existan, el modelo no toma en cuenta la dinámica actual de las empresas, dónde rara vez es una sola, sino una cadena de proveedores y distribuidores que constantemente cambian, se fusionan, son vendidas y adquiridas y se reparten el negocio.

Actualmente, en todo el mundo, el mecanismo predominante para la innovación tecnológica es la creación de nuevas EBT, vinculadas estrechamente con las instituciones de investigación, que desarrollan y prueban nuevos productos y que si muestran potencial, a su veReferenciasz serán adquiridos por las grandes empresas comercializadoras.

Sin embargo, este mecanismo falla en México por la ya mencionada poca disposición de las Universidades y Centros de Investigación para emitir y hacer pública su normativa institucional que incentive “a que sus científicos, de manera voluntaria, puedan llevar a cabo la transferencia tecnológica, la comercialización de los productos de su investigación y la participación de ellos mismos como socios y fundadores de nuevas empresas de base tecnológica.” (Hernández y Kuri, 2016, p. 17). De igual manera, el proceso se dificulta por la idea muy generalizada en México de que las patentes no pueden ser transferidas a las empresas por ser patrimonio institucional. La realidad es que en nuestras instituciones se transfiere propiedad intelectual a empresas comerciales todo el tiempo, específicamente, a través de los derechos de autor a empresas editoriales, cada vez que un investigador publica un artículo o libro, y la transferencia de otros productos intelectuales como bases de datos y capacitaciones y cursos especializados. Lo que no tenemos en México son los procedimientos y reglamentación para que las universidades hagan lo mismo con las patentes, y una empresa que quiere invertir en un desarrollo, difícilmente puede levantar capital de riesgo si ésta no tiene control de sus patentes.

Para resolver esta problemática proponemos como una posible solución los siguientes mecanismos que permitirían implementar un modelo de transferencia más eficiente:

1. Que las Universidades y Centros de Investigación, creen individualmente o en un consorcio de instituciones, fideicomisos para transferencia tecnológica. Las instituciones fideicomitentes ceden a su vez todas sus patentes y propiedad intelectual al fideicomiso e idealmente aportan un fondo semilla para la gestión y operación de este. En el futuro, nuestras instituciones de investigación ya no tramitarán patentes en su nombre pero lo hará el fideicomiso, en beneficio de sus fideicomitentes, quien a su vez será responsable de su gestión y quien tomará las decisiones considerando el potencial de mercado y una visión de negocios. Aun así, los investigadores aparecerán cómo los inventores y autores físicos de sus patentes y recibirán el crédito correspondiente. A su vez, el fideicomiso puede contratar consultores expertos en las industrias relevantes y por medio de un comité de inversión, decidir con toda libertad qué proyectos se pueden vender, licenciar o en su caso apoyar para la creación de nuevas EBT, y hasta cuáles se deben abandonar. En este último caso, el fideicomiso puede ceder la propiedad intelectual a las nuevas empresas a cambio de participación accionaria, con el entendido de que en un plazo máximo, éstas serán adquiridas por la misma empresa o por inversionistas externos. Este mecanismo facilita a su vez la firma de contratos y alianzas comerciales con diversos actores en la cadena de valor, la contratación de personal clave para los proyectos, y hasta la obtención de capital privado sin entrar en conflicto con la misión, políticas, actividades sustantivas y procesos presupuestales de la institución. A la larga, el fideicomiso debe poder generar ingresos propios suficientes para no solo mantenerse, sino para crecer e invertir en nuevos proyectos dentro de la misma institución y no depender del presupuesto institucional.

2. Que las Universidades y Centros de Investigación adapten sus políticas de promoción y permanencia de sus investigadores y personal técnico para permitir que estos puedan dedicar un porcentaje de su tiempo laboral, hasta 50%, a apoyar el desarrollo de estos proyectos por un periodo de hasta 3 años renovable, por medio de licencias, y que permitan que ellos puedan tener participación accionaria en las empresas receptoras de la transferencia tecnológica.

3. Finalmente, crear a través de las unidades de vinculación de las Universidades y Centros de Investigación, un mecanismo ágil que permita al fideicomiso y a todas las empresas participantes subcontratar servicios de investigación y desarrollo para cubrir los costos del continuo desarrollo y evaluación tecnológica. Esto a su vez permitirá que las instituciones puedan generar ingresos adicionales para cubrir los costos de operación y mantenimiento de sus laboratorios.

Con un esquema como este, las patentes, que son una herramienta netamente comercial, se sacan del ámbito puramente académico, es decir, del ámbito de las Universidades y Centros de Investigación y, a su vez, se crea un mecanismo para que éstos reciban beneficios adicionales, permitiendo atraer inversión privada para continuar apoyando el desarrollo tecnológico dentro de las mismas instituciones y contribuir al crecimiento económico del país.

Referencias

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