Martes, 18 Mayo 2021 08:16


En 1960 conocí los murales que pintó Diego Rivera en la capilla de la ex-Hacienda de Chapingo. En esa ocasión me percaté de su profundo interés por pintar murales relacionados con las plantas. Mi sorpresa fue mayor cuando, me percate que dicha capilla, había dejado de ser un lugar dedicado a la religión y se transformó, en un recinto donde se resolvían asuntos académicos relacionados con el agro-mexicano. Muchos años después en 1996, a los 100 años del nacimiento de Marte R. Gómez, un político tamaulipeco que impulsó mucho la agricultura, hicimos un homenaje conmemorativo en su honor. Platicando con otro relevante experto dedicado a la agricultura me comentó que en su papel como secretario de hacienda, invito a Diego Rivera a que pintara en la capilla de la ex hacienda Jesuita, los famosos murales. Posteriormente Marte R. Gómez dedicó mucha de su actividad a impulsar el sector agrícola tal y como reseñaba el doctor Leobardo Jiménez Sánchez, el primer investigador emérito en México del Sistema Nacional de Investigadores.

Muchos años después en el presente siglo volví a revisar otro documento, que había ilustrado el gran mexicano Diego Rivera, cuando me puse a estudiar los libros sagrados de los mayas, me encontré que el muralista había hecho una excelente interpretación de lo que narra el Popol Vuh. Él hizo una gran cantidad de ilustraciones que reviven mucho de la cosmología de los mayas. Narra, por ejemplo, en sus dibujos, como fue hecho el hombre. Después de haber creado a los árboles, las aguas y los animales, los Dioses se reúnen nuevamente y meditan para crear a un ser con entendimiento y alma (al ser humano), esta creación se da después de varios intentos fallidos. Primero lo hicieron de Tierra, pero como no satisfizo a los dioses, lo destruyeron y entonces, lo hicieron de madera. Para hacer el hombre utilizaron un árbol llamado Erythrina berteroana y para la mujer utilizaron madera de zibak (Cyperus canus) sin embargo estas nuevas creaciones tampoco llenaron las expectativas de los dioses. Se narra que estos seres de madera pudieron hablar y tuvieron descendencia, pero no invocaron a sus creadores, por esta razón los Dioses los destruyen, haciéndoles caer un diluvio de trementina; se dice que los descendientes de estos seres son los monos que existen ahora en las selvas. De tal forma que también los destruyeron. Finalmente los hicieron de maíz. Para hacerlo les trajeron mazorcas de un lugar en donde se conoce que crecía dicho material. Se señala que el maíz fue traído por cuatro animales de un lugar llamado Pan Paxil Pan K’ayala’, un lugar lleno de árboles alimenticios. Las mazorcas amarillas fueron utilizadas para hacer las extremidades y las mazorcas blancas fueron desgranadas para hacer el cuerpo. Este hombre fue finalmente el que aprobaron los dioses. Y entonces, se creó la raza humana. Los nombres de las primeras personas creadas fueron: hombres Balam Ki’ tze, Balam Ak’ ab, Majuk’ utaj, y I´k’ iBalam Mujeres, Kaqa Palo Ja’, Chomi Ja’, Tz’, ununi Ja’ y Kak’ ixa Ja’.

Otra pintura se refiere al juego de pelota. Es extraordinario el mensaje que narra el conocimiento que tenían los mayas de la flora. Para hacer la pelota utilizaron el látex de Castilla elástica y la sabia de Iponea, que según se publicó en Science en la última década del siglo pasado. Este logro de biotecnología prehispánica permitió el establecer un juego por demás importante que además del ritual era un gran deporte que permitía la decisión de muchas acciones cosmogónicas y de política.

También es relevante el cuadro que reseña la importancia que tenía el árbol de jícara. Este maravilloso árbol producía frutos que utilizaban para colectar una infinidad de productos del campo que se recogían y las ofrendas que se ofrecían a los dioses. Este árbol está muy claramente dibujado por Diego Rivera, en unos de los pasajes más importantes del citado libro. Es claro el hecho de que fueron creados, primero los árboles, después las plantas y posteriormente los animales, para cuidar a las plantas.

Fue impresionante el conocer la dedicación que puso Diego Rivera, para plasmar la cosmogonía de una de las razas más importantes del planeta que es la cultura maya. El libro originalmente fue escrito aproximadamente hace 500 años, en el peten Guatemalteco y fue rescatado por un clérigo, que lo conservo durante muchos años.

Es importante resaltar la figura del gran muralista mexicano Diego Rivera, quien en muchas de sus pinturas dejó plasmado su conocimiento de la flora mexicana. Una de las obras sobresalientes que publicó el CIESAS, es sin lugar a duda el libro sagrado de los mayas en donde se pueden apreciar los dibujos del gran muralista mexicano, que nos ha dejado una tarea importante a los que estudiamos la flora de este país. Sus murales en cualquier parte muestran su profundo acercamiento con la vida rural del mexicano, que vivía muy cerca de su vegetación y por supuesto de aquellas plantas que le proporcionaba muchos beneficios. Sus manos siempre nos ilustran como es que el hombre de México del siglo pasado manejaba y apreciaba los regalos de la naturaleza. Nos muestra en su obra el destacado pintor, la importancia del suelo, la importancia del maíz, la importancia de la milpa, y las interacciones que le permitía al mexicano sobrellevar la llamada revolución mexicana. Él sabía que la integración de la mente del mexicano estaba perfectamente clara en el ambiente que había que proteger y sobre todo las plantas que le permitían mantener su cohesión social.



*Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias,
Coordinador de Agrociencias de la Academia Mexicana de Ciencias
Investigador del Centro de Investigación Científica de Yucatán

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